La Fundación fue creada en 2012 por la empresaria y mecenas valenciana Hortensia Herrero, con el propósito de contribuir al desarrollo cultural de su tierra a través de tres líneas principales de actuación: la conservación del patrimonio, la promoción del arte contemporáneo y el apoyo a la danza. Desde sus inicios, la recuperación de conjuntos monumentales ha ocupado un lugar central entre sus actividades, impulsada por el interés personal de su fundadora por conservar aquellos monumentos que, pese a su importancia para la historia y la identidad de Valencia, se encontraban amenazados por el deterioro o la falta de recursos para su conservación. La propia Hortensia Herrero ha participado directamente en la elección y el desarrollo de las intervenciones, que la Fundación lleva a cabo en colaboración con las instituciones propietarias de los inmuebles, las administraciones públicas y equipos especializados de arquitectos, restauradores y artesanos.
Entre las primeras grandes actuaciones llevadas a cabo por la Fundación destaca la restauración de la iglesia de San Nicolás de Bari y San Pedro Mártir, que permitió recuperar su extraordinaria decoración barroca, especialmente las pinturas murales de sus bóvedas, y devolver al conjunto buena parte de su riqueza artística y arquitectónica. La Fundación impulsó también la rehabilitación del Colegio del Arte Mayor de la Seda, antigua sede del gremio de velluters, cuya recuperación permitió transformar un edificio gravemente deteriorado en el actual Museo de la Seda, dedicado a conservar y difundir la memoria de una de las actividades industriales más importantes de la historia de Valencia.
Otro de sus proyectos más destacados ha sido la recuperación del Palacio de Valeriola, un inmueble que se encontraba en estado próximo a la ruina y que, tras una profunda restauración, se convirtió en el Centro de Arte Hortensia Herrero, inaugurado en 2023. La intervención permitió compatibilizar la conservación de su arquitectura con las necesidades de un espacio cultural contemporáneo. Más recientemente, la Fundación ha promovido la restauración integral de la iglesia de los Santos Juanes, uno de los principales monumentos del centro histórico de Valencia. La intervención, concluida en 2025, ha permitido recuperar buena parte de su decoración barroca, gravemente afectada por un incendio en 1936 y por el deterioro posterior.
La actividad de la Fundación en este ámbito se extenderá próximamente más allá de la ciudad de Valencia, tras la firma en 2026 de un convenio con el Ayuntamiento de Alicante para restaurar la Muralla de Poniente del castillo de Santa Bárbara. Esta intervención permitirá recuperar un tramo de la fortificación medieval y devolver al uso público un recorrido que permanece cerrado desde hace décadas.
A lo largo de estos proyectos, la Fundación ha desarrollado un modelo de intervención basado en el respeto a los valores históricos y arquitectónicos de los edificios, pero también en la necesidad de asegurar su conservación futura mediante usos compatibles con su carácter patrimonial. Por este motivo, la elección de cada actuación tiene en cuenta no sólo la importancia del bien que se pretende recuperar, sino también la existencia de un proyecto de futuro viable que garantice su mantenimiento y su utilidad social una vez concluidas las obras.
Otro aspecto de esta labor, principal para la concesión de esta Medalla, ha sido el destacado papel que han tenido en estos proyectos los profesionales especializados en restauración del patrimonio y los maestros de los oficios tradicionales de la construcción. Las intervenciones promovidas por la Fundación han requerido el trabajo de expertos en pintura mural, escultura, carpintería, vidriería, revestimientos u otras técnicas constructivas. Muchos de estos oficios cuentan hoy con muy pocos especialistas y el conocimiento que atesoran requiere impulsos como estos para su pervivencia. La entidad ha procurado por ello establecer relaciones de continuidad con estos profesionales, consciente de que ese conocimiento es en sí mismo un patrimonio cultural esencial, además de resultar indispensable para conservar adecuadamente el patrimonio construido.
La trayectoria de la Fundación Hortensia Herrero constituye un ejemplo destacado de la contribución del mecenazgo privado a la conservación del patrimonio y de la importancia de la colaboración entre propietarios, instituciones públicas y privadas, y profesionales especializados. Su labor ha permitido recuperar edificios y conjuntos artísticos de gran valor que, en la mayor parte de los casos, se encontraban gravemente amenazados, y devolverles el protagonismo que merecen en la vida cultural y social de Valencia.