Aracena, Huelva

Aracena, municipio situado en la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, al norte de la provincia de Huelva, ha sido uno de los tres municipios seleccionados en la nueva edición del Concurso de Arquitectura Richard H. Driehaus. Declarado Conjunto Histórico y reconocido por la riqueza patrimonial de su núcleo urbano, el municipio conserva una compleja superposición de trazados históricos.

La propuesta contempla la recuperación paisajística del conjunto del Castillo de Aracena, así como el diseño de entre 12 y 15 viviendas públicas, nuevas zonas verdes y espacios de aparcamiento disuasorio, la consolidación y puesta en valor de la cerca medieval y del edificio de la Cilla, futuro espacio museístico del municipio, y la reorganización de los recorridos peatonales del antiguo arrabal mediante la creación de una nueva conexión con el Castillo desde la Plaza de Santo Domingo.

El lugar

Aracena se ubica al norte de la provincia de Huelva, en el Parque Natural de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche. Su término, con una extensión de 184 km², cuenta con 6 aldeas y con una población de 8.636 habitantes. Ejerce de capital administrativa, comercial y turística de la comarca, siendo cabeza de partido de 31 municipios.

Aracena cuenta con un clima mediterráneo de influencia oceánica que, a nivel de vegetación, posibilita la existencia de una de las áreas boscosas más densas de Europa. Junto al bosque mediterráneo, formado por encinas, alcornoques, robles y quejigos, coexisten otras especies características de zonas más húmedas, como el castaño, el chopo, el álamo o el olmo. El paisaje predominante es el de la dehesa, donde el bosque mediterráneo ha sido transformado a lo largo del tiempo por la mano del hombre para conseguir una explotación equilibrada de recursos naturales.

Su núcleo urbano, declarado Conjunto Histórico y Municipio Turístico de Andalucía, se extiende por la ladera norte del Cerro del Castillo y la zona del valle. Su arquitectura popular, como ocurre en muchos pueblos andaluces, destaca sobre el verde del paisaje vegetal y la accidentada orografía de Sierra Morena. Su casco urbano destaca por la riqueza patrimonial que ha atesorado su historia: cuenta con tres inmuebles declarados Bien de Interés Cultural con la categoría de monumentos, a los que hay que sumar yacimientos arqueológicos también protegidos, como El Castañuelo. 

 

Historia del Lugar

Los hallazgos arqueológicos más antiguos datan de la Prehistoria, pero el poblamiento alcanzó su plenitud durante la etapa del Alto Imperio romano y continuó durante los siglos V al VII d. C., en las denominadas etapas tardorromana y visigoda. La cumbre del Cerro del Castillo fue el núcleo original de poblamiento en la localidad: se ha documentado un importante asentamiento de época hispano-musulmana, Qatrašāna, con vestigios de época califal, de los reinos de Taifas y de la etapa almohade (siglos X-XIII), previo a la conquista portuguesa a mediados del siglo XIII por parte de la Orden Militar del Hospital.

Esta circunstancia dio lugar al conflicto del Algarve donde, como resultado de la reivindicación de la villa por parte del reino castellano-leonés, se construyó el castillo que corona el municipio y da nombre al cerro. La disputa con Portugal no se resolvió hasta la firma de los tratados de Badajoz en 1267 y Alcañices en 1297, por los que Aracena pasó a pertenecer a Castilla como tierra realenga e integrada en el Concejo de Sevilla.

La repoblación medieval de Aracena fue llevada a cabo por leoneses y gallegos. Aracena era una villa encastillada en el cerro durante la época medieval, pero, con el paso del tiempo, la población se expandió dando lugar a un arrabal, mientras que la «villa vieja» se abandonó. Durante los siglos XV y XVI, el centro neurálgico de la población fue la Plaza Alta, donde se construyeron el Cabildo, la iglesia parroquial de la Asunción y diversas casas nobiliarias. La expansión urbanística continuó hacia las ermitas mudéjares (San Pedro, Santa Lucía, San Roque y Santo Domingo), ubicadas en los caminos de Huelva, Portugal, Extremadura y Sevilla, y que dieron origen al paisaje urbano de Aracena.

Durante la Edad Moderna la localidad tuvo un gran desarrollo, plasmado en su crecimiento demográfico y expansión urbanística; ejemplo de ello es la fundación de cuatro conventos de dominicos y carmelitas.

Tras la crisis provocada por la Guerra de Restauración con Portugal (1640-1668), se produjo una recuperación durante el siglo XVIII que se plasmó en la arquitectura popular del conjunto histórico. En 1833 con la nueva división administrativa, Aracena fue segregada de Sevilla y pasó a formar parte de la provincia de Huelva.
A finales del siglo XIX y principios del XX, Aracena cobró un fuerte impulso que se materializó en su urbanismo y arquitectura (Fig. 1.2.02); especialmente, en la construcción de numerosas casas señoriales y edificios bajo la firma del afamado arquitecto Aníbal González. En su casco urbano conviven, en perfecta armonía, lo tradicional y lo moderno.

La propuesta

Reordenación del arrabal medieval de Aracena

El área de intervención se sitúa entre la plaza de Santo Domingo y la zona de mayor altitud de Aracena. En su entorno se ubican los principales elementos de interés patrimonial de la etapa medieval: la Cilla, el Cabildo Viejo, el Castillo y la Iglesia Prioral. La zona más alta del área de actuación se conoce popularmente como el Ejido del Castillo y es de propiedad municipal.

El área del Arrabal medieval ha sido hasta hoy una zona escasamente poblada, con viviendas en mal estado de conservación y con un sistema viario degradado y con problemas de circulación evidente, que no hacen sino agravarse por su ubicación en el entorno de los grandes polos de atracción turística del municipio. Lo que en la Edad Media fuera un borde de la villa encastillada, con motivo del crecimiento demográfico, sigue siendo hoy en día un borde urbano del área edificada, pero, en este caso, del núcleo que ha ido creciendo hacia la zona del valle.

Para solucionar estas carencias, toma especial relevancia la ladera que comunica el Ejido (la parte más elevada del área) con la plaza de Santo Domingo. En la parte alta de la ladera, un proyecto de urbanización durante los años 90 del siglo XX provocó el desmonte y el aterrazamiento de la ladera con un grave impacto paisajístico. Ese espacio pasó después a propiedad municipal. La percepción visual de esta área, usada como basurero y escombrera, es en la actualidad muy negativa con erosión y desprendimientos del terreno, y un señalado impacto visual del desmonte. Es una zona infrautilizada, poco accesible y mal conectada con el resto del conjunto urbano. En el entorno de la plaza de Santo Domingo, se encuentran otros dos grandes solares, también de propiedad municipal, que conectan directamente con la zona del desmonte y cuya construcción está prevista en los documentos de planeamiento municipal.

La intención de recuperación paisajística y mejora de conectividad que guían esta intervención se extenderán al resto del área de actuación, con especial atención al área comprendida entre las calles Cilla y Virgen del Mayor Dolor, un espacio público y de propiedad municipal.

 

Propuesta de intervención

Las propuestas deberán considerar el viario existente en la zona alta del Cerro para generar una red de tránsito mejor conectada a través de nuevos recorridos que pongan en valor la ladera este. Además, será también objeto de este concurso el tratamiento y adecuación de los espacios públicos existentes, con especial atención al área entre las calles Cilla y Virgen del Mayor Dolor.

Considerada la limitada capacidad del actual acceso al Castillo, los proyectos se basarán en el planteamiento de una nueva conexión desde la Plaza de Santo Domingo con la calle de la Cilla y con la subida al cerro del Castillo. De esta forma, respecto al acceso al Castillo hoy existente, se creará un segundo eje de circulación que redistribuirá el tráfico peatonal y rodado ligado al conjunto monumental y que hará más accesible esta zona a los habitantes del entorno de la Plaza de Santo Domingo.

A lo largo de esta segunda conexión se acometerán varias acciones.

La primera de ellas es la recuperación paisajística de la zona de los bancales creada durante los años 90, para reducir el impacto visual negativo que genera actualmente y transformarla en una zona ajardinada plenamente integrada con el resto de la trama urbana. 

La reorganización de recorridos se acompañará de la creación de áreas de aparcamiento disuasorio, uno de los elementos prioritarios a incorporar al área del arrabal, siempre cuidando su integración paisajística mediante los recursos de diseño urbano y de ajardinamiento que atenúen su posible impacto negativo. Para ello, se diseñarán nuevas zonas verdes y se integrarán las plazas de estacionamiento previstas en la parcela delimitada por la calle de los Almendros, la calle Arrabal y la extensión de la calle Boleta. En esta línea, se reordenará también el tramo de la calle Almendros señalado en plano para plantear nuevas plazas de aparcamiento. 

Finalmente, y buscando favorecer la reactivación de la zona, se incorporará un proyecto para el desarrollo de entre 12 y 15 viviendas protegidas en la parcela colindante, delimitada por la calle Boleta, la plaza de Santo Domingo y el callejón que las une por el norte. Siempre de acuerdo con los criterios de ocupación en planta establecidos por la normativa (ver Condiciones básicas para la propuesta), se diseñarán viviendas de dos o tres dormitorios con las siguientes condiciones: para viviendas de dos dormitorios, se establecerá una superficie mínima de 60 m2; y para las de tres, se establecerá una superficie mínima de 80 m2. Todas las viviendas incorporarán un patio. El número total de viviendas (dentro del abanico señalado) dependerá de la decisión de cada equipo de incorporar un mayor o menor número de viviendas de cada tipo. Aunque la normativa permita el desarrollo de conjuntos residenciales de hasta dos alturas, no es necesario que cada vivienda individual se distribuya en dos plantas y es posible proyectar edificios con varias viviendas.  

Por último, dada su relevancia patrimonial, será imprescindible que la reordenación del área contemple la integración de la antigua cerca urbana (cuya estabilidad se ve a día de hoy amenazada por las dificultades en su mantenimiento y los efectos del tráfico rodado) y del edificio de la Cilla, futuro espacio museístico o cultural del arrabal medieval. Para ello, los participantes deben incorporar en la propuesta de diseño general medidas concretas para favorecer la accesibilidad de ambos elementos, así como para su rehabilitación y la de sus entornos inmediatos como componente fundamental del paisaje urbano de la zona.

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